sábado, 28 de noviembre de 2015

Beatificació màrtirs caputxins en la Catedral de Barcelona






Icono de Frederic de Berga i vint-i-sis companys

 Significado del icono:

El sentido sagrado del símbolo sólo puede ser percibido por quien tiene experiencia en lo sagrado. El símbolo es el que revela lo que es imposible de explicar.

Desde este punto de vista, la mandorla o almendra mística, suele ser considerada la puerta de entrada de una realidad terrenal a la del mundo celestial y todo lo mostrado en su interior pertenece al espacio sagrado.

En este caso su configuración almendrada está formada por tres bandas de color: el blanco que alude a la pureza y a la santidad, el amarillo relacionado con el reino y la gloria, y, el rojo, que es el color de la sangre, del sacrificio y del soplo del Espíritu Santo.

En el centro de la mandorla se manifiesta una Teofanía abierta, pero no como el Maiestas Domini de la creación, controlador del tiempo y del espacio, sino como el redentor y liberador, revelándose en la misma posición en la que murió en la cruz, vinculando así su sacrificio con el de los veintiséis frares capuchinos, cuyo martirio se produjo a causa de la virtud de su amor a Dios.

En el exterior de la almendra mística y asomándose en ella, los mártires contemplan la revelación del Cristo amparándose bajo sus brazos abiertos. A los pies, Frederic de Berga y Eloi de Bianya portan una palma en representación de todos, atributo otorgado por excelencia a los mártires como signo de victoria en la lucha del espíritu contra la carne. 

El primer grupo -de arriba a abajo y de izquierda a derecha-, está formado por: Benigne de Canet, Eudald d'Igualada, Zacaries de Llorenç, Bonaventura d'Arroyo, Martí de Barcelona, Doroteu de Vilalba, Anselm d'Olot, Alexandre de Barcelona, Vicenç de Besalú, Prudenci de Pomar, Rafael de Mataró, Tarsici de Miralcamp y Frederic de Berga.

El segundo grupo -también de arriba a abajo y de izquierda a derecha-, está formado por: Modest de Mieres, Àngel de Ferreries, Marçal de Vilafranca, Feliu de Tortosa, Agustí de Montclar, Pacià Maria de Barcelona, Remigi del Papiol, Timoteu de Palafrugell, Jordi de Santa Pau, Josep de Calella, Cebrià de Terrassa, Miquel de Bianya y Eloi de Bianya.

Cuatro estrellas cierran el conjunto en recuerdo a los cuatro puntos cardinales, los cuatro ríos del Paraíso y como no, a los cuatro evangelistas. 

Nota: Como curiosidad, me di cuenta el otro día que los dos frailes que llevan las palmas del martirio son Frederic de Berga, alguien de gran nivel intelectual y que entre otras cosas, promovía una activa defensa de las doctrinas cristianas y, Eloi de Bianya, que según tengo entendido, era entregado, muy bondadoso y cuya función era de ser el portero del convento y custodio de las llaves que abrían la puerta a todo aquel que llamaba.

Guardando las distancias, estas características me han hecho recordar a San Pablo y a San Pedro que muchas veces son representados flanqueando a Dios, el uno con el libro de las Escrituras y la combativa espada del discernimiento y el otro, con las claves que abren las puertas del cielo. 

Laura Alberich Lucea, noviembre de 2015






Muchas gracias a la orden de los Capuchinos de Catalunya i Balears
por la confianza que habéis depositado en mi para la elaboración de este icono tan importante y especial.


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